Recuerdo de Trinidad Gallego, enfermera comunista

Fernando Hernández Holgado

El pasado miércoles 9 de noviembre se nos fue Trinidad Gallego Prieto. Madrileña, nació en 1913 en el seno de una familia de clase trabajadora instalada en la portería que regentaba su abuela en un inmueble del acomodado barrio de Salamanca. Esta circunstancia, añadida al hecho de que se trataba de una familia exclusivamente compuesta por mujeres definió, según ella misma dejaría contado, su posterior trayectoria vital: nieta de portera e hija de costurera, niña pobre en un barrio burgués, joven tempranamente concienciada de los problemas de justicia social, mujer entregada a ayudar a los demás a través de su oficio como enfermera y comadrona… con un carácter independiente fuertemente marcado por la educación recibida de su abuela, Trinidad Mora.

Trinidad Gallego en 1936 (Archivo personal de Trinidad Gallego Prieto)

Comunista de tiempos difíciles –se afilió en 1935, en pleno bienio negro- fundó, con varias compañeras, el llamado Comité de Enfermeras Laicas que protestó contra el monopolio de plazas de hospital por parte de las órdenes religiosas femeninas. El sábado 18 de julio de 1936 fue destacada por su partido al hospital clínico de San Carlos, donde formó parte importante del comité y se sumergió en los trabajos de organización y asistencia hospitalaria. Posteriormente y hasta el final de la guerra, trabajaría militarizada en diferentes hospitales, siempre como quirofanista pese a su especialidad de matrona.

En abril de 1939 fue detenida y encarcelada junto con su madre y su abuela, que por aquel entonces contaba 87 años, en la prisión de Ventas. Su testimonio da fe de las criminales condiciones de hacinamiento de la cárcel de aquellos días: andando el tiempo contaría que fueron siete las que durmieron aquella primera noche en su celda de la tercera galería izquierda, diseñada para acoger a dos presas. En junio, abuela, madre y nieta fueron condenadas a treinta años de prisión. En seguida se incorporó Trinidad a trabajar en la enfermería de Ventas, poniendo su saber al servicio de paliar en lo posible la mortandad de niños y de mujeres, al lado de compañeras como Celia Acedo o María Lacrampe.

Su cualificación como comadrona motivó que poco después fuera trasladada a la prisión maternal habilitada en el antiguo Instituto escuela del Alto del Hipódromo. En septiembre de 1939 fue trasladada junto con su madre y su abuela al penal de Amorebieta (Vizcaya): de su labor como enfermera siempre guardaría un grato recuerdo Julia Manzanal, la Comisario Chico, que perdió a su hija en aquella prisión. Posteriormente las tres serían liberadas en aplicación del correspondiente decreto, aunque Trinidad no tardaría en volver a prisión. Liberada en 1941, al año siguiente volvería a ser detenida y encarcelada primero en Ventas y luego en la prisión maternal de San Isidro, de donde sería finalmente excarcelada en 1943.

Todavía a finales de 1946 volvería a ser detenida en Jaén y juzgada “por auxilio a bandoleros”, por ayudar a un grupo de guerrilleros. La estancia en la prisión de Jaén debilitó hasta tal punto su salud que, gravemente enferma de anemia, fue trasladada nuevamente a Ventas, por entonces convertida en hospital penitenciario. De allí saldría por fin en julio de 1949.

Para entonces tanto su abuela como su madre y su tía habían muerto. Trinidad dejaba atrás tres estancias en prisión por un total de siete años largos, repartidos en dieciséis cárceles. A sus treinta y seis años decidía comenzar una nueva vida en Barcelona. Careciendo de permiso para trabajar legalmente, empezó poniendo inyecciones en Nou Barris, en aquel entonces todavía una barriada de la periferia. Hasta 1969 no le fueron reconocidos oficialmente los títulos de enfermera y comadrona. Integrada tempranamente en el PSUC, no abandonaría la militancia hasta su muerte.

Trinidad Gallego. Fotografia de Sofía Moro

En 1996, la Librería de Mujeres de Madrid decidió celebrar el 65º aniversario de la proclamación de la Segunda República homenajeando a todas aquellas mujeres que habían luchado por defenderla en la guerra y en la dictadura: allí estuvo Trinidad, con compañeras como Rosario Sánchez la Dinamitera, Carmen Blázquez o la propia Julia Manzanal. Ese sería también el año del nacimiento de la Associació Dones del 36, ganadora del premio Maria Aurèlia Capmany y formada por mujeres de diversas ideologías empeñadas en transmitir sus vivencias y experiencias –la Segunda República, la guerra, el franquismo- a las jóvenes generaciones. Con Trinidad –la veterana- como presidenta, mujeres como Victoria Carrasco, Carme Casas, Rosa Cremón, Enriqueta Gallinat y Maria Salvo recorrerían escuelas, facultades y bibliotecas durante toda una década.

Pienso que el mejor homenaje que podemos hacerle a Trini es leer lo que nos contó, que fue mucho. Afortunadamente, disponemos para ello de múltiples fuentes:

  • Su testimonio fue recogido tempranamente –finales de los setenta- por Tomasa Cuevas. En la reedición de sus obras en un solo volumen, Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas, aparece su testimonio –anónimo- bajo el título “La comadrona” (Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2004, pp. 757-762).
  • J.L. Martín Ramos y Gabriel Pernau dedicaron a Trinidad Gallego un capítulo de su obra Les veus de la preso. Històries viscudes per 36 lluitadors antifranquistes (Barcelona: Edhasa, pp- 127-135).
  • El libro Nosotras perdimos la paz, de Llum Quiñonero, recogió por extenso su testimonio (Foca, 2005, pp. 17-99).
  • -Lo mismo hizo Isabel Olesti en Nou dones i una guerra (Ed. 62, 2005, pp. 49-77).

Demasiadas cosas se echan en falta en esta breve semblanza biográfica de Trinidad Gallego. Sobre todo aquello que solamente tienen los militantes o los activistas sinceros, sean cuales las siglas bajo las que se encuadren: la voluntad de lucha y de denuncia de lo injusto, de pasión y de amor por la gente, que al fin y al cabo es lo mismo. Con toda esta trayectoria a sus espaldas, Trinidad fue también esa anciana que cuando las jornadas de Seattle y Génova se posicionaba contra la globalización económica y el liberalismo. O criticaba las pompas huecas y pretenciosas del Fórum de las Culturas de Barcelona. O denunciaba la privatización de la sanidad pública: bien sabía ella de sus males y consecuencias, como enfermera de toda la vida.

O denunciaba las guerras –por la que ella misma había padecido- en sintonía con aquella frase de Christa Wolf: entre matar y morir, vivir. De eso sabía también mucho Trini, como comadrona que era: de dar la vida y de cuidarla.

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3 Responses to Recuerdo de Trinidad Gallego, enfermera comunista

  1. Por que se habla tan poco de las pocas personas que vivieron la guerra? A veces me pregunto cual será la razón para que tanto tiempo después de la tragedia aún nos cueste tanto a los españoles hablar caramente de ella. Hay posiciones que me son especialmente difíciles de entender, como por ejemplo que aún se defienda la época del franquismo, sea por reconocimiento explícito del sistema o por la crítica a aquellos que lucharon por defender un régimen que el pueblo español había decidido darse.
    Por qué hay tantos españoles que defienden, aún, aquellos tiempos terribles, nefastos, indignos de la dictadura franquista?

  2. Pingback: Homenatge a Trinidad Gallego | El bloc de l'ACIM

  3. Marta says:

    Hasta siempre Trinidad.

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