Crónica desde Francia: ya empieza la campaña electoral

Aquest bloc té el plaer de publicar la crònica de la precampanya electoral francesa que ens ha enviat l’historiador Sergi Buj des de la ciutat de Rouen. El tema mereix la nostra atenció per les repercussions que podria tenir un canvi de govern a França en la gestió de l’actual recessió econòmica europea.

Crónica desde Francia: ya empieza la campaña electoral

Sergi Buj

Con la entrada oficial en campaña electoral del candidato socialista, François Hollande, el domingo 22 de enero, podemos decir que ya se perfilan tanto las temáticas como las estrategias de los pretendientes a la presidencia de la República francesa.

La verdad es que la campaña de Sarkozy empezó mucho antes, pero como todavía no se ha oficializado, sus viajes por toda Francia siguen siendo los viajes de un presidente en ejercicio que mantiene el contacto con las fuerzas vivas del país. Para dar una idea del Tour de Francia que está realizando el presidente, tomemos como ejemplo la tercera semana de enero: el domingo 14 estuvo en Amboise, una hermosa ciudad del valle del Loire, donde se celebraban los cien años del nacimiento de Michel Debré, primer jefe de gobierno de De Gaulle y en la que, como era de recibo, pronunció un discurso con una fuerte tonalidad gaullista; al día siguiente se desplazó a Madrid para visitar al recién instalado jefe de gobierno español, Mariano Rajoy, y hablar de cooperación… amistad… frente amplio y acción convergente frente a la crisis; y el miércoles, apareció en un pueblo pirenaico con un mensaje protector y paternalista dirigido a los agricultores franceses.

Así va la cosa desde octubre: dos, tres o cuatro salidas a la semana, para difundir su mensaje de campaña electoral encubierta pero con un contenido propagandístico especifico: un discurso para el personal docente, otro para los obreros y otros muchos más para los campesinos, los empresarios, los ciudadanos del este, los del oeste, los del sur, los de ultramar, los franceses del extranjero, etc. De lo que se trata es de segmentar al electorado para mostrar que lo que le interesa al candidato-presidente o presidente-candidato son las preocupaciones concretas de cada uno de los segmentos. Luego ya llegará el momento de los grandes discursos a la nación con los ingredientes que ya conocemos por estos lares: grandeur y énfasis patriótico, compasión, alardes de realismo, pesimismo de la razón y optimismo de la voluntad y cosas por el estilo. Nicolás Sarkozy lo practicará de tal modo que su visibilidad en televisión sea constante y que la ciudadanía retenga la imagen de un presidente que trabaja a diario para el país.

La estrategia de François Hollande es distinta. Con las encuestas de opinión que le sitúan muy por delante de la Sarkozy (28-29 puntos frente a los 23-24 de Sarkozy), su táctica fue la de un silencio que se rompió el 22 de enero, cuando, en un largo discurso pronunciado ante un público de militantes socialistas, desveló su credo: definirse como un hombre “normal” a quien le gustaba el contacto con la gente y rehuía del mundo del dinero: “J’aime les gens alors que d’autres aiment l’argent”, según una homofonía imposible de restituir en español. Y, como no podía ser menos, de ese discurso salieron boyantes propuestas como la de limitar el poderío de los bancos, fomentar la construcción de vivienda social, aumentar y acentuar el carácter progresivo del IRPF, mano firme contra la delincuencia, reindustrialización del país, etc. En total, 60 puntos que presentó oficialmente el jueves 26 y que, sin embargo, no concretan nada en lo que se refiere a la lucha contra el paro, la merma del poder adquisitivo de los más pobres y de la clase media y los efectos derivados de la pobreza. El propósito era presentarse como un claro candidato de izquierdas, pero sabemos que, cuando empiece la campaña oficial en marzo, su discurso será mucho más de consenso a no ser que los sondeos le den malas noticias.

Por su parte, François Bayrou, el candidato de un centro democratacristiano semper vivens, parece disponer de una gran capacidad de progresión, igual que la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen. Los dos le robarán a Sarkozy algo de su electorado, con discursos proteccionistas y de corte nacionalista que difieren en cuestiones morales y en la aceptación de la inmigración pero que están ganando partes del limitado pastel electoral del gaullismo (13 o 14 puntos para François Bayrou, 18 o 19 puntos para Marine Le Pen a finales de enero).

Mientras tanto, la candidata de los Verdes, Eva Joly, queda estancada en una campaña que muchos compañeros de partido consideran demasiado escorada a la izquierda (2-3 puntos), lo que no le debe importar demasiado puesto que ya ha negociado con los socialistas una serie de escaños parlamentarios “garantizados”, según una estrategia clásica de los verdes. Por su parte, el candidato del Frente de Izquierdas (coalición de la que forma parte el Partido Comunista Francés), Jean-Luc Mélenchon, se mantiene a un nivel que le va a poder permitir tener una cierta presencia en la campaña (8-9 puntos). Su objetivo: llegar a los 15 puntos el día del voto.

Se barajan entonces una serie de predicciones electorales que se olvidan del estado de la nación y que protagonizan los expertos en sondeos en debates infinitos acerca de los posibles enfrentamientos en la segunda vuelta de las elecciones. Con todo, la dura realidad está ahí, empezando por una deuda pública que roza el 90% del PIB y un nivel de paro que está a punto de alcanzar el 10%. Y lo que es más grave todavía: se acelera la desertización industrial con el anuncio del cierre o de la marcha de empresas medianas hacia países con coste de trabajo inferiores. En estos últimos días se han anunciado la quiebra de la refinería Petroplus, situada en Rouen, y de la empresa de transportes marítimos Sealink, amén del cierre de la fábrica de lencería femenina de lujo Lejaby (su producción se traslada a Túnez) y de la reducción de plantilla de las empresas de créditos Cofinoga, de la Société Générale, de Peugeot, etc. En total, hablamos de unos 300.000-400.000 empleos que desaparecerán de un plumazo y que sólo representan una pequeña muestra de la destrucción de empleos que sufre el país desde hace cinco años (y no necesariamente por la crisis financiera). Sobre esta tragedia, las propuestas de la mayoría de los candidatos son débiles o demagógicas: expulsar a los extranjeros (Le Pen y Sarkozy) o proteger la producción nacional (Le Pen, Sarkozy, Bayrou). Pero nada de política redistributiva y justicia social.

Naturalmente, el único candidato que se muestra decidido a afrontar el poder de los bancos y a reinstaurar la justicia social es Jean Luc Mélenchon, pero tanto los medios de comunicación como los demás candidatos -exceptuando a Eva Joly y a los candidatos testimoniales de la extrema izquierda trotskista- han conseguido hegemonizar el debate político con el estribillo neoliberal de que hay que aceptar más sacrificios como única vía para salir del túnel de la crisis. Por otra parte, el problema de Mélenchon es que su trayectoria no acaba de convencer: antiguo trotskista, antiguo socialista, político profesional desde siempre, le falta ese toque de autenticidad que tanto gusta al electorado popular.

Como decía antes, ha llegado el tiempo de las promesas: el 22 de enero, François Hollande expuso las suyas y las confirmó cuatro días después en un sorprendente debate televisivo con el Ministro de Exteriores, Alain Juppé; y Sarkozy contestó inmediatamente el día 29 movilizando nada menos que ocho canales de televisión para exponer algunas propuestas con “contenido social”. En realidad, lo que anunció fue un aumento del IVA para el octubre próximo y una reducción de las cotizaciones sociales de las empresas de más de 250 trabajadores que costaría al Estado unos ingresos de 13.000 millones de euros. Es decir, que en términos macroeconómicos no aumentarán los impuestos, pero muchos dicen -con razón- que esta transferencia masiva de financiación de la política social hacia las familias representará para éstas una etapa más en la reducción de su renta real. Con todo, la mayoría de los comentarios periodísticos acerca de la intervención de Sarkozy giraron sobre la posición cada día más extraña de este presidente-candidato-no-declarado que utiliza su cargo para hacer campaña. En definitiva, una intervención monárquica, muy a la manera de François Mitterand. Voici venu le temps des vaches grasses… Muchos lo dudan.

De todos modos, ya tenemos los programas de los candidatos principales, menos el de Sarkozy (las cuatro medidas anunciadas no pueden ser contempladas como proyecto global): el de François Hollande; el de la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen; el de la candidata de los Verdes; las veinte propuestas de François Bayrou y el programa del Frente de Izquierda que defenderá Jean-Luc Mélenchon. La próxima etapa de la campaña la viviremos a mediados de marzo para saber si los candidatos habrán conseguido reunir las 500 firmas de alcaldes, diputados y senadores necesarias para poder ser candidato oficial. Otro tema muy debatido.

 

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